Asignatura pendiente: Salud, espacios abiertos y sostenibilidad en el aula.

Hemos reseñado en multitud de ocasiones la necesidad de que la educación del SXXI, es decir, la que trabajará para crear ciudadanos capaces de desarrollarse en territorios inteligentes, promueva bien desde las materias que impartimos o desde las iniciativas en el centro, conductas  relacionadas con la buena alimentación y la actividad física, como medios importantes para prevenir  enfermedades a través de la adquisición de competencias lingüísticas y culturales.

La salud debe ser emponderada ya que necesitamos más allá una concienciación global que pase por: consciencia de la sostenibilidad, hábitos saludables, cuidado del medio incluso que nos lleve a mejorar convivencia en la ciudad y en el centro.

Hasta ahora según algunos estudios, están fallando los planes de educación para la salud. Esto puede ser porque no se ejecute de manera transversal y de utilidad para la enseñanza del alumno, es decir, no nos sirve un buen plan de educación para la salud si no se ejecuta con efectividad a la hora de desarrollar otras habilidades.

Los niños españoles de cuatro a 12 años pasan una media de casi mil horas al año delante de las pantallas del televisor, ordenador o juegos electrónicos, lo que supone una media diaria de 20 horas en espacios cerrados. Solo uno de cada cuatro niños juega al aire libre cada día, siendo aún menor en grandes ciudades.

Son datos proporcionados por la Asociación Española de Pediatría (AEP) que, conscientes de esta realidad, recomienda que los niños estén en contacto con la naturaleza y que jueguen al aire libre, para alejarles de hábitos poco saludables como el sedentarismo e impactar en la disminución del consumo de alcohol y/o drogas en la adolescencia.

Las ventajas que tiene esto, para la salud física y mental, son infinitas. “Estar más tiempo al aire libre y en contacto con la naturaleza, mejora el control de las enfermedades crónicas (diabetes, asma, supervivientes de cáncer, obesidad…), ayuda a prevenir la adicción al alcohol y otras drogas, favorece el desarrollo neurocognitivo y reduce los problemas de conducta.

El apoyo institucional, el de la Administración y las iniciativas que sumen a profesores y familias, pueden ser de gran utilidad para crear futuros smart healthy citizen reales, alumnos que promuevan hábitos saludables y sostenibles en un futuro en nuestras ciudades.

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